Miércoles 14 de noviembre de 2018

MUJER: El “progreso en reversa”: aceptar y amar esos kilos de más


-. 02-07-2014 La obsesión por alcanzar el cuerpo perfecto suele generar infelicidad. El proceso para aceptarse uno mismo es largo y difícil, pero se puede lograr. Dos casos de vida lo ejemplifican y demuestran que todo es posible.


Todos los días se ven en la Web cientos de mujeres que postean sus fotos del "antes y después" de sus looks. Algunas demuestran que la perseverancia lo es todo y que con esfuerzo y dedicación se puede llegar a cumplir las metas propuestas.

Otras veces, las más llamativas, suelen verse drásticos cambios de peso de personas que se sumergen en estrictas dietas o agotadores ejercicios físicos para lograr los cuerpos que siempre soñaron. Suelen convertirse en “obsesivos”, que dejan todo de lado para tener el mejor cuerpo.

Sin embargo, cuando muchas de estas personas alcanzan su objetivo se dan cuenta que no son felices con menos kilos o con músculos más torneados. Descubren que no les gusta su propia imagen, la que ven en el espejo todos los días, y la depresión se vuelve a sentir, a pesar de lucir como deportistas de alto rango o súpermodelos.

Cuando la competencia es con uno mismo

Taryn Brumfitt es una mamá australiana que tuvo problemas de imagen corporal durante la mayor parte de su vida. Después de tener tres hijos, se obsesionó con recuperar el cuerpo que tenía antes de su primer embarazo. Por eso, entró en el mundo del físicoculturismo.

A pesar de adelgazar varios kilos y modelar todo su cuerpo, todavía odiaba la forma en que estaba. "Yo tenía el cuerpo perfecto, o lo suficientemente cerca, pero igualmente me sentía muy mal en mi interior. No me gustaba nada", relata.

Fue cuando se dio cuenta que debía aprender a amar su cuerpo, sin importa cómo fuera. Decidió que dejaría las dietas estrictas y la obsesión por el gimnasio, y solo haría los ejercicios que le divertían. Comería la misma comida que el resto de su familia y se focalizaría en ser feliz con todas las cosas buenas que ya tenía.

Ella lo llamó el “progreso en reversa”, porque así como una vez pasó de ser “rellenita” a competir con su físico, volvió a mostrar y aceptar su cuerpo con algunos kilos de más, algo de celulitis y estrías. Para lograr su plan ideó el “Body image movement” (podría traducirse como Movimiento de la imagen del cuerpo), que tiene como objetivo alertar a las mujeres y niñas sobre los mensajes negativos que cada una se dice a sí misma y a otros acerca de sus cuerpos. Buscó demostrar que la verdadera felicidad no se encuentra en un talle menos de ropa o en un abdominal marcado.

Su propia motivación fue su pequeña hija. Tenía que darle el ejemplo de cómo deberían ser un cuerpo y una mente sanos, y no brindarle una imagen negativa de lo que era su propia obsesión. Así es que, a través de su sitio web y de charlas que brinda en escuelas secundarias y universidades, intenta incentivar a las jóvenes a que amen sus siluetas sin importar cómo sean y acepten que la felicidad pasa por otra parte.

Menos gimnasio, más felicidad

Otro es el ejemplo de Neghar Fonooni, una fanática de los ejercicios aeróbicos que vive en Santa Mónica, Estados Unidos. Tiene un blog llamado “Eat, lift, and be happy” (Comé, hacé ejercicios y sé feliz) donde suele mostrar fotos de sus entrenamientos en el gimnasio.

En un momento de su vida, Neghar priorizó ser mejor madre y esposa. Cambió su forma de pensar y su cuerpo ganó algo de peso. Al igual que Taryn Brumfitt, denominó a su caso un “progreso en reversa” y demostró que no es perfecta.

Ella misma lo explica con su foto del "antes y después", donde compara su cuerpo de los años 2009 y 2014. Cuando describe la primera imagen, asegura que se sentía triste, que estaba en una relación abusiva y que tenía falta de confianza sobre sí misma. Tenía un cuerpo increíble y repleto de músculos, eso sí, pero se sentía infeliz.

Para la siguiente imagen, describe que solo entrena de 15 a 30 minutos por día (en lugar de dos horas, como hacía antes) y no hace tanto hincapié en las comidas. Centrarse menos en esculpir su cuerpo y contar las calorías, y más en su propio bienestar, fue lo más sano que pudo hacer.

“Estoy compartiendo esto con ustedes porque quiero que vean que los profesionales del fitness no somos perfectos. A veces estoy más delgada y otras veces tengo unos kilitos de más. La fluctuación es normal. Me tomó años estar bien con eso y aceptar mi cuerpo tal y como es, kilos arriba o abajo. Hoy soy más feliz y elijo sentirme orgullosa de mi cuerpo”, escribió junto a la foto.

Miles de seres humanos están en la búsqueda de la aceptación por el propio cuerpo. Pero lo perfecto es algo que no se logra nunca, porque no existe: si le sobra de acá, le falta de allá, y viceversa. Aceptarlo suele ser un proceso de años y de mucho trabajo. Por suerte, al igual que los de Taryn y Neghar, hay muchos ejemplos de que es posible amar nuestras siluetas tal como son.

 

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